Cuando me muera quiero que en mi lápida aparezca “Que te pilla el toro!” (así, a lo americano, sin exclamación inicial). Es una de las frases que más veces he escuchado en mi vida. La otra también me la digo a mi mismo, y reza “Juro que no me he tocado los huevos“.
En un estado de contradicción permanente (como toda mi vida) me encanta imponerme plazos y luego cebarme con ellos. Es el “organizado es mejor” Vs. “viva el caos“. Soy un tio indefinidamente indefinido. Y me da rabia porque la consecuencia de esta constante pelea interior es que por una cosa o por otra acabo pagando el pato.
A estas alturas de año aún no ha pasado nada “grave” que venga propiciado por lo que acabo de contar, pero en el horizonte se vislumbra una que puede hacer pupa. Recemos por que el toro sea bizco y cuando embista no atine.
PD: … y si al menos embiste a alguien que sea de los que te dicen aquello tan bonito de “Siempre estas liao con tus cosas. Si no quieres vernos lo dices y punto”. A estos les ponía un miura de 800 kilos enfrente.
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